Pensando en desarollo
Conferencia de RSC por Rafael Guardans Cambó
un proceso basado en la mutua confianza
Presidente Ejecutivo de la
Fundación Desarrollo Sostenido
I.
La responsabilidad social corporativa es un concepto amplio, polivalente, dinámico, multiforme, con un sinfín de matices y puntos de vista. Como, afortunadamente, se trata de un concepto que no está codificada en ningún boletín oficial, nadie puede pretender que su interpretación sea la única, o la más válida.
El hecho es que bajo el paraguas de
Si nos animamos a bucear dentro de alguno de los muchos informes de Responsabilidad Corporativa que las grandes empresas vienen publicando desde hace ya unos años, veremos que lo que acabo de afirmar no es una boutade. Tomemos como ejemplo el informe de Ferrovial, un grupo especialmente comprometido en
Tomemos otro caso de referencia, como podría ser el BBVA. El Grupo BBVA, afirma el informe, entiende
No querría dejar de referirme a un tercer caso, pionero en este ámbito en España, y no por ello menos cuestionado, el de Repsol. Dicen en su web que el éxito de las compañías actuales reside en la capacidad de adaptación de sus modelos de negocio a las crecientes expectativas que se generan alrededor de éstas. Los distintos grupos de interés, tales como los accionistas, los empleados, las administraciones públicas, los socios y proveedores, las comunidades que acogen a las empresas en su entorno, las ONG y, en general, la sociedad, han comprendido la capacidad de influencia que pueden ejercer en las compañías. Tras estas consideraciones generales y de hacer un especial hincapié en la importancia que tiene para el grupo el saber escuchar, su informe nos habla de nuevos desafíos energéticos, cambio climático y eficiencia energética, el compromiso con la seguridad, la ética en las relaciones, el compromiso con la comunidad, la ventaja comparativa de los equipos, gestión ambiental y uso de los recursos y la biodiversidad.
Podemos seguir adentrándonos en la polivalencia del concepto, de la mano de una de las publicaciones más prestigiosas en el campo de
Estaréis de acuerdo conmigo en que pocas veces nos hemos encontrado con un concepto que pretenda ser homogéneo y mesurable que tenga tantas formas o cabezas. En el fondo, si nos fijamos bien, lo único que tienen en común todos esos enfoques es una negación: lo no exigido por la ley; son compromisos “por encima de lo que exige la ley, como dice el BBVA en su informe de RSC, esto es, más allá de lo que las leyes medioambientales, laborales, etc. exigen. Si me permitís la similitud, es algo tan enclenque y sólido a la vez como el nexo de unión de la miríada de entidades de acción social, diversas entre ellas hasta el infinito, que lo que tienen en común es la negación de su gubernamentalizad,
Pero ¿debemos considerar este hecho como un problema? Sinceramente creo que no. Estamos sólo al inicio de un proceso y me magino que antes pronto que tarde, veremos como a
II.
La evolución de nuestro entorno social ha sido vertiginosa en los últimos 150 años. Recordemos, a modo de ejemplo, que la abolición de la esclavitud es de fechas tan recientes como 1837 en
En 1883 el Canciller Otto von Bismark promulgó en Alemania
Y así, paso a paso, se fueron incorporando otros aspectos a nuestro ADN social, asemejándolo a lo que hoy consideramos absolutamente normal. En 1973 estallaba sin preaviso la primera crisis del petróleo, poniendo en entredicho la excesiva dependencia del oro negro. Tardaríamos casi 20 años en pasar de esa cuestión puramente económica al novedoso concepto de la sostenibilidad, que tomó carta de naturaleza en 1992, con ocasión de
Y después vendrían nuevas conquistas como la seguridad en el trabajo, la paridad, la incorporación de personas con discapacidad o la lucha contra el calentamiento global… y todo ello, todo, se acomoda dentro del polivalente concepto de
III.
¿Dónde estamos hoy? Desde mi punto de vista estamos entrando en aguas pantanosas porque un asunto tan delicado como este, se ha politizado y como tantas veces pasa, cuando algo se politiza indebidamente, aunque sea con buena intención, se corre el riesgo de estropearlo.
Desde algunos partidos han optado por promover iniciativas legislativas sobre la responsabilidad social, se ha potenciado la creación de un Consejo Estatal de
Algunos han propuesto que, como mínimo, una clara política de RSC debería ser condición previa para que una empresa pueda acceder a contratos con la administración. Desde mi punto de vista, hasta eso es malo y es harto improbable que lleve a algo conducente, utilizando una gráfica expresión argentina. No ignoro que los inversores privados, los fondos de inversión, ya no se conforman con que las empresas en las que pueden invertir no fabriquen armas o no exploten laboralmente a menores de edad, y están exigiendo a las grandes empresas que publiquen, junto a su Memoria anual y a sus Estados financieros, una memoria de RSC, pero esa exigencia tiene la flexibilidad del mercado, y no la rigidez de la norma.
No es que yo sea un defensor del laissez faire, laisser passser, no lo soy, creo en la necesidad de un estado fuerte con capacidad para intervenir cuando proceda, pero, quizá precisamente por mi formación jurídica, soy contrario a que se encorsete con normativas innecesarias. Y reitero lo ya dicho, no sólo innecesarias sino obligatoriamente inútiles ya que nunca podrán abarcar la inmensidad de un ámbito como del que no estamos ocupando.
IV.
El título de esta reflexión habla de la mutua confianza, y querría entrar ahora en ese aspecto.
No voy a volver a recordar ahora los muchos aspectos que se encuadran dentro de este polivalente concepto pero, a pesar de su gran diversidad, pienso que podríamos agruparlos en dos grandes bloques: los que se refieren a la propia gestión interna de la empresa, y los que comportan una proyección externa. Tanto para unos como para otros, la mutua confianza debe ser el punto de partida.
Si se trata de apostar por la incorporación de personas con algún tipo de discapacidad, o cualquier otra política en el ámbito de los recursos humanos, la mutua confina deberá existir en ente la empresa y los sindicatos. ¿Por qué los sindicatos? Se preguntan en un artículo publicado por la plataforma alternativa responsable, porque su presencia permitirá que
Si se trata, en cambio, de potenciar los derechos laborales en las cadenas de producción en países terceros, o cualquier acción por el estilo, habrá que buscar los actores adecuados, quizá ONG de desarrollo que estén ya operando en la zona o en ese mismo sector. Y lo mismo si la opción es por la preservación medioambiental, o por compensar las emisiones de CO2 con proactivos programas de gestión forestal.
Quizá alguien piense que lo que estoy diciendo es tan de Pero Grullo que no era necesario ni mencionarlo, pero me atrevo a decir, desde mis más de 25 años en el sector social, que, lamentablemente estamos todavía lejos de que algo tan lógico esté generalmente asumido.
Sigue habiendo por parte de no pocas ONG un recelo o prevención a aliarse franca y sinceramente con una empresa para acometer conjuntamente políticas de RSC. Aunque cueste creerlo en pleno siglo XXI sigue vivo el prejuicio de que la empresa sólo busca maximizar el propio beneficio y que, por lo tanto, sus políticas de responsabilidad están manchadas mientras no se demuestre lo contrario. No hay beneficio de la duda y la carga de la prueba queda en el lado del acusado en lugar de corresponder al acusador.
Por parte de las empresas, matizo, de no pocas empresas, el prejuicio es otro, pero igual de inamovible. Presumen que las ONG difícilmente sabrán estar a la altura de sus exigencias. Y cuando el prejuicio no es ese, y deciden acercarse al sector social para buscar posibles sinergias, el enfoque puede ser incluso más erróneo al entender que una ONG debe funcionar en esquemas de gratuidad o de semigratuidad, como si de monjas se tratase, y no de profesionalidad y eficiencia.
Este diálogo de besugos, porque no le puedo llamar de otra manera, genera un escandaloso lucro cesante del que la sociedad tendría que pedirnos cuentas a unos y a otros. No hablo por hablar. No son pocos los casos de empresas que han creado estructuras ineficientes para atender ámbitos en los que no saben moverse con soltura, o a los que piensan que basta con reconducir a esos ámbitos a sus jóvenes jubilados, (como si bastase con no estar en nómina para ser útil al sector social) sólo porque no han tenido el sentido común que tuvieron al externalizar sin prejuicios la limpieza del edificio, la gestión de su parque móvil, los servicios informáticos o la publicidad.
Las ONG por su parte, se enclaustran a veces en posiciones radicales, exigiendo a la empresa que hable un idioma que no les e propio, que parta de premisas que no entiende, en lugar de aplicar en esa relación que debería ser de win & win, la exquisita sutileza con la que saben acercarse a los problemas que, con tanta eficiencia ateienden diariamente en los lugares más remotos.
No quiero alargar más mi reflexión, pero no querría terminar sin llamar vuestra atención sobre un asunto clave. Dentro de unos días, da igual si son 365, 730 o 1.000, todos y cada uno de vosotros estaréis ocupando puestos de responsabilidad en empresas o en ONG, en la administración o en los sindicatos… donde quiera que estéis recordad que este mundo loco en el que estamos, que va una velocidad pasmosa, requiere mucha responsabilidad por parte de todos, y ya nadie –y mucho menos vosotros- puede dejar de arrimar el hombro.
Gracias
24/03/2010 - 11:28:37